05 Abr José Luis Segovia: «La misericordia exige grandes dosis de audacia»
José Luis Segovia Bernabé es doctor en Teología Pastoral, licenciado en Derecho, graduado en Ciencias Empresariales, además de diplomado en Criminología y licenciado en Teología Moral. En su trayectoria, la de director del Instituto Superior de Pastoral en Madrid de la Universidad Pontificia de Salamanca, además de coordinador del Área Jurídica del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. También ha figurado en el Consejo Científico y Comité Técnico de la Fundación FOESSA, organización creada con el impulso de Cáritas Española para conocer, mediante sus estudios, la situación social de España de un modo continuado y objetivo.
-¿Ser misericordioso es ser un ingenuo? ¿Ser débil?
Ejercer la misericordia reclama limpieza de corazón. Pero es una bondad que sabe discernir, que no se deja engañar por las apariencias, ni reduce las personas a su comportamiento. Por eso la misericordia no es ñoña ni mojigata. Exige grandes dosis de audacia. Es virtud de personas fuertes y corajudas. Las pusilánimes y cobardes no saben ejercer la misericordia. Todo lo más la sumisión. Pero eso es otra cosa.
-¿Misericordia y compasión son lo mismo?
La compasión es la conmoción interior que padezco cuando acojo el sufrimiento del otro que me interpela y me mueve a misericordia, a volcar el corazón hacia la vulnerabilidad y la miseria del otro. Pero todo es cuestión de cómo perfilemos los términos. Lo importante no es el nominalismo. Sino ser en verdad compasivos, misericordiosos, caritativos (por añadir otro término del mismo campo de significado).
-¿Por qué no basta con la aplicación de la ley, con la justicia? ¿La misericordia abole la justicia?
Lo responde muy bien Dostoievski; «No tenéis misericordia, Solo tenéis justicia. Por eso sois injustos». Eso dejando a un lado que la aplicación de la ley no siempre es justa. Aun suponiéndolo, un mundo presidido por la justicia sin el concurso de la misericordia sería inhóspito e inhabitable. Los romanos no llegaron a la razón compasiva que bebe de Jerusalén y procuraron corregir el «summus ius summa inuria» con lo que llamaban «equidad». Pero la misericordia es mucho más. No lo digo yo, sino la Palabra de Dios: «La misericordia se rie del juicio» (Santiago 2,13)
-¿La misericordia puede ser una “gracia barata” en el sentido de justificar el pecado, más que al pecador, porque siempre, hagas lo que hagas, recibirás el perdón de Dios, si muestras (aparentas) arrepentimiento?
La misericordia no tiene nada de barato ni de light. Es una fuerza arrolladora. Cuando el ex etarra asesino es abrazado por la viuda del guardia civil que le dice «yo ya te he perdonado, ahora tienes que perdonarte tú», se produce un terremoto, un autentico vendaval de gracia y no precisamente «barata». No es una rebaja de exigencias morales, sino justamente lo que permite al culpable confrontarse desnudamente con la verdad de su horrible crimen y, al mismo tiempo, no perecer en él.. Ahí no cabe excusa ni justificación posible, ni se puede achacar nada al que te abraza. ¿A quien se que ocurre pensar que ese abrazo justifica los asesinatos? ¿O que los besos del padre del hijo pródigo son el salvoconducto para el golferío? En la práctica lo que provoca es que el exterrorista se ponga a temblar y llorar como un chiquillo y el hijo sinvergüenza no sepa dónde meterse. Hay que pasar de la crítica teórica y falaz de la misericordia a su práctica in actu. En la verdad de su ejercicio se diluyen todos esos prejuicios de laboratorio que pretenden cerrar el corazón a la perfectibilidad de los seres humanos: del que práctica la misericordia y de quien la acoge como un don desmesurado.
-Analizados los fundamentos de la misericordia, en algunos aspectos se asemeja a virtudes en éticas laicas: la posibilidad de reinsertarse en la sociedad después de cometer un delito y de cumplida una pena. Dar la posibilidad de comenzar de nuevo. Un error grave puede condicionar una vida, pero no suponer una condena perpetua, no tanto desde el punto de vista legal como de ‘estigma’ social ¿También lo ve así?
De alguna manera tienen en común el asumir que el ser humano no está definitivamente predeterminado por su pasado. Es el único animal que no solo no se adapta al entorno sino que es capaz de transformarlo creativa y genialmente. Aún más, es capaz de cambiarse, Puede desalojar el odio y el rencor que le colocaría en la posición crónica de víctima de lo irreparable y también de romper con un pasado delincuencial y asumir una nueva forma de vida. Los creyentes diríamos que el futuro es el tiempo favorito de Dios. En términos laicos, es el espacio para lo inédito viable. En todo caso, siempre depara sorpresas. La misericordia abre un portillo de luz al presente mas oscuro. Lo he podido ver también en personas sexualmente abusadas que viven un terrible infierno.
-¿Es difícil de comprender la misericordia hoy día? Requiere más cosas, como empatía, capacidad de perdonar.
Lo acabo de señalar. Nos falta fe. No solo en Dios, sino también en los seres humanos y en su bondad. Quizá lo primero, antes que otras dimensiones éticas o psicológicas sea eso: la fe. Hoy se traduce en seguir creyendo «a pesar» de lo que vemos. No es fácil, pero es cuestión de probarlo, El «venid y lo veréis», sigue siendo la única forma de mostrarlo.
¿Está muy presente en la sociedad y en las escuelas actuales?
No. Hoy domina la lógica del populismo punitivo. «El que la hace la paga». Todo se soluciona con más castigos, por más tiempo y en condiciones mas duras. Solo que nadie se molesta en verificar si ese modelo da resultados fructuosos en la práctica, incluso si protege realmente más. Creo más en la justicia restaurativa (que es la que anuncia la Iglesia) que en la vindicativa. La primera es la justicia de las tres «erres»: responsabilización (del infractor), reparación (a la victima), reconstrucción del diálogo social quebrado por el delito. Afortunadamente herramientas como la mediación penal, escolar, vecinal… van teniendo mas espacio.
-¿Cómo ve la apuesta del Papa Francisco por la misericordia declarando este jubileo?
Juan Pablo II la practicó en primera persona con su fallido asesino y la tematizó en su preciosa encíclica «Dives in misericordia». Francisco vincula la misericordia con la alegría, ese es el significado del jubileo. En efecto, como decía otra víctima del terrorismo: «solo empecé a ser felz cuando pude querer a los míos con el 100% de mi corazón. Y esto no sucedió hasta que no perdoné. ¡Estaba privando a mis hijos de una parte de mi cariño que tenia dedicado a odiar mi agresor!»,
-¿Hay límites a la capacidad de perdonar y de ser misericordioso? ¿Se podría ser misericordioso con Hitler y sus cómplices? (nota histórica: en 1962 Israel secuestró en Argentina a Adolf Eichmann, uno de los arquitectos de la solución final en la Alemania nazi, lo juzgó y lo ejecutó)
Hace quince días ha muerto un santo anónimo (nota: la historia sigue en el relato adjunto). Llevaba en el pecho la cruz de madera del etarra que había matado a su hermano. El etarra sigue llevando la cruz del asesinado (…) Claro que se puede perdonar lo imperdonable. Eso no es solo atributo de Dios, sino de los seres humanos con más calidad. Desde luego que es supererogatorio, pero someter a los nazis a un juicio sin demasiadas garantías procesales y hacer con ellos lo mismo que los bestias nazis hicieron no dignifica demasiado a sus captores. Hay una diferencia moral entre verdugos y víctimas. La línea de la humanidad la marca precisamente la misericordia, la capacidad de reconocer en el otro un prójimo…. ¿Quién es el prójimo? El que practica misericordia (continúa un extenso relato):
-¿Es una fuente innovadora de impulso a la justicia social?
La justicia social es hija de dos sentimientos morales, por llamarlos de algún modo: la misericordia y la indignación. Si nos quedamos en la misericordia, corremos el riesgo del asistencialismo. Si obviamos desde la indignación la misericordia, hacemos ideología. Entre misericordia e indignación debe haber una relación de continua circularidad y mutua interrelación. Son precisas las dos para que brote la responsabilidad de proteger, el ser guardián del hermano, que es el origen de la justicia social.
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