11 Abr Los jueves, a a cárcel de mujeres

Se trata de una penitenciaría con 900 presos, pero con capacidad para 500. De ellos, 800 son varones y el resto mujeres. Y además, un porcentaje mínimo son adolescentes (más hombres que mujeres) que están a la espera de sentencia.
Algunas Hermanas de Pureza de María del colegio de la Providencia, en León (Nicaragua), llevan dos años visitando a las mujeres ‘privadas de libertad’ (no les gusta que les llamen ‘presas’) de esta Penitenciaría de Chinandega (Nicaragua).
“Hermanita, yo soy padre y madre y debía darle comida mis hijos…” y la solución que encontró esta mujer a sus grandes necesidades fue el tráfico de drogas. Es el problema de la mayoría de las que están ahí, con todas su variantes. “Hermanita, sólo era para una vez…” Otras han sido engañadas y han sido “mulas” casi sin darse cuenta. Lo cierto es que la mayoría se declara “inocente” y en cierta manera tienen toda la razón porque ¿dónde están los que las enviaban?
Una minoría están ahí a causa de otros delitos de diversa índole y todos tienen causas provenientes de la pobreza, el hacinamiento y los vicios propios que afloran en esas situaciones.
Para las Hermanas que hacen este apostolado, el encuentro con las privadas de libertad se debió a la Misericordia de Jesús de Nazareth. “Hacía tiempo que “resonaba” esa voz sin sonido, que penetraba hasta el alma”, afirma una de ellas. “Jesús se acercaba a los que encontraba por los caminos dejando una estela de bondad y misericordia resumida en el Evangelio con la frase “…pasó haciendo el bien”. Misericordia, compasión, ternura, cercanía… todos esos ingredientes que hacen que el amor, sea Amor”, dice.
Jesús se acercaba a los que encontraba por los caminos dejando una estela de bondad… “pasó haciendo el bien”
Y la inquietud por seguir testimoniando y contagiando esa misericordia, las llevó a preguntarse si sería posible llevarles un poco de alegría a los que sufrían abandono, olvido y oscuridad en sus vidas, como son los privados de libertad, hacinados en pequeños espacios, lejos de sus familias y siempre suspirando por sus hijos.
Allá fueron y se encontraron con una población numerosa. Descubrieron que el gobierno les proporciona la comida, (el típico arroz con frijoles y tortilla de maíz que los pobres comen siempre en la región) “y nada más”, explican. Se preguntaron entonces cómo solucionan sus necesidades primarias: jabón, “génico” (como llaman ellas al papel higiénico), champú, dentífrico, toallas sanitarias, ‘chinelas’ (chanclas), plato y vaso, ropa íntima y… un largo etc. Algunas tienen la suerte de que su familia se preocupa por ellas, las visitan y tratan de llevarles lo más que pueden.
Las que son de otro país, Honduras, Guatemala, o simplemente de otra región o comarca de Nicaragua, sufren y rebuscan entre todo y todos los que conocen para suplir, al menos, lo imprescindible. A las que no son visitadas se las llama “donadas”, que viene a significar “abandonadas a su suerte”.
El objetivo de las Hermanas de la Pureza que las visitan es el “de visitarlas, acompañarlas, consolarlas, llevarles la alegría que Jesús ofrece a los que se sienten pobres y pecadores, aquellos que se gozan de su pequeñez y se aferran a nuestro Dios”, explican ellas.
“En un primer momento, teníamos el objetivo de servir de enlace y comunicación entre cada presa y sus familias.
Llamarlas, darles noticias de ellas, recoger a sus hijos y llevárselos. Llamar a sus abogados para saber en qué nivel estaba el proceso, etc.”
También les dan clase de manualidades ya que hay Hermanas que pueden hacerlo. Pero con el tiempo, todo ha ido cambiando. No podían encontrar a sus familiares, a veces porque estaban en otro país o porque no tenían teléfono ni medio de comunicación. El espacio donde se les podía dar clase era tan pequeño que no cabían y siempre que llegaban les pedían: “Hermanita tráigame un champú, por favor, que no tengo como lavarme el pelo… por favor unas ‘chinelas’… cuánto le agradezco una camisa azul… papel ‘génico’… toallas… etc.” Entonces las Hermanas ya no podían darles respuesta y solucionar las carencias de cada una. Se preguntaban “¿qué hacer?”, ya que “en realidad, ésas eran sus necesidades primarias más urgentes”.
Descubrieron que el gobierno les proporcionaba la comida y nada más. Entonces organizaron el “Apostolado de Madrinas de las privadas de libertad”, cuyo objetivo principal sería poner en práctica las Obras de Misericordia como son: visitar a las presas, consolar al triste, dar buen consejo, reavivar la esperanza, ayudarlas en sus necesidades y sobre todo… ¡escribirles!
Este grupo ya cuenta 36 Madrinas que se preocupan por 36 privadas de libertad y les “inyectan” aire fresco a través de sus escritos. Ellas mismas son las que van contagiando, canalizando y multiplicando ese deseo de ayuda solidaria, invitando a sus amigas y familiares para que participen de este apostolado. Y ya se han sumado 3 padrinos entusiasmados para ayudar a sus ahijadas.
Las Religiosas comprometidas con este apostolado se encargan de animar a las madrinas y padrinos, ayudarlos a mantener la ilusión por la obra buena que pueden hacer a pesar de no disponer de tiempo para desplazarse a la cárcel. El grupo está formado por gente joven, llena de energía y deseosa de poner en práctica su fe.
Ahora las Hermanas sólo entran una vez al mes a la salita donde las ‘privadas de libertad’ están esperándolas bien acomodaditas (porque si no es así no caben), y entonces se llena el ambiente de alegría y casi que sin querer las prisioneras aplauden. “Nos esperan, nos necesitan por muchos y variados motivos”, cuentan las Hermanas.
A las que no son visitadas se las llama “donadas”, que viene a significar “abandonadas a su suerte”
“A veces cantamos, contamos chistes, preguntamos las novedades del mes. Otras les repartimos la Palabra de Dios y reflexionamos sobre la importancia de ella en la vida que les toca vivir. Otras veces las hacemos participar con preguntas sobre el Evangelio vivido en un ambiente de encierro. Al final vienen los correos y regalo de las ‘madrinas’ y ‘padrinos’ para cada una de sus ahijadas. Para las que todavía no la tienen les llevamos un regalo de consolación. Siempre, siempre Dios está en medio de esa sala iluminando la vida de cada una con sus promesas de cielo”, explica una Religiosa de las que asiste siempre.
Y termina diciendo: “No sé bien cómo, pero nos salieron dos actividades que son una buena forma de acercarnos a los más necesitados, de ayudarles a descubrir que el futuro puede ser diferente y para nosotras, la Comunidad Pureza de María, esa cercanía nos enriquece más que a ellas, porque Jesús, nuestro Dios, cumple su promesa de: ‘Cuando dos o más se reúnen en mi nombre, Yo estoy entre ellos’.”
Descubrieron que el gobierno les proporcionaba la comida y nada más. Entonces organizaron el “Apostolado de Madrinas de las privadas de libertad”, cuyo objetivo principal sería poner en práctica las Obras de Misericordia como son: visitar a las presas, consolar al triste, dar buen consejo, reavivar la esperanza, ayudarlas en sus necesidades y sobre todo… ¡escribirles!
Este grupo ya cuenta 36 Madrinas que se preocupan por 36 privadas de libertad y les “inyectan” aire fresco a través de sus escritos. Ellas mismas son las que van contagiando, canalizando y multiplicando ese deseo de ayuda solidaria, invitando a sus amigas y familiares para que participen de este apostolado. Y ya se han sumado 3 padrinos entusiasmados para ayudar a sus ahijadas.
Las Religiosas comprometidas con este apostolado se encargan de animar a las madrinas y padrinos, ayudarlos a mantener la ilusión por la obra buena que pueden hacer a pesar de no disponer de tiempo para desplazarse a la cárcel. El grupo está formado por gente joven, llena de energía y deseosa de poner en práctica su fe.
Ahora las Hermanas sólo entran una vez al mes a la salita donde las ‘privadas de libertad’ están esperándolas bien acomodaditas (porque si no es así no caben), y entonces se llena el ambiente de alegría y casi que sin querer las prisioneras aplauden. “Nos esperan, nos necesitan por muchos y variados motivos”, cuentan las Hermanas.
A las que no son visitadas se las llama “donadas”, que viene a significar “abandonadas a su suerte”
“A veces cantamos, contamos chistes, preguntamos las novedades del mes. Otras les repartimos la Palabra de Dios y reflexionamos sobre la importancia de ella en la vida que les toca vivir. Otras veces las hacemos participar con preguntas sobre el Evangelio vivido en un ambiente de encierro. Al final vienen los correos y regalo de las ‘madrinas’ y ‘padrinos’ para cada una de sus ahijadas. Para las que todavía no la tienen les llevamos un regalo de consolación. Siempre, siempre Dios está en medio de esa sala iluminando la vida de cada una con sus promesas de cielo”, explica una Religiosa de las que asiste siempre.
Y termina diciendo: “No sé bien cómo, pero nos salieron dos actividades que son una buena forma de acercarnos a los más necesitados, de ayudarles a descubrir que el futuro puede ser diferente y para nosotras, la Comunidad Pureza de María, esa cercanía nos enriquece más que a ellas, porque Jesús, nuestro Dios, cumple su promesa de: ‘Cuando dos o más se reúnen en mi nombre, Yo estoy entre ellos’.”
Este reportaje se publicó originalmente en la edición nº139 de Mater Purissima (abril 2011).
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